Leyendas del Edelweiss

Si eres un amante de las historias que se cuentan junto a un buen fuego, tienes que conocer las Leyendas del Edelweiss

Esta pequeña flor tan especial para montañeros y escaladores de Pirineos y Alpes, ha logrado remover la fantasía de los hombres durante generaciones

Leyendas del Edelweiss
Edelweiss y rocío

Leyendas del Edelweiss

Narramos, con bastante licencia, dos de las más bonitas leyendas de esta flor única, por su forma y sobre todo por lo extremo de los lugares en que habita.

Otras leyendas:
La Brecha de Rolando / La mujer Muerta / El Monte Perdido

La Estrella que se hizo Flor

En los tiempos en que los gigantes caminaban sobre los campos, los astros celestiales eran dioses atentos al devenir sobre la Tierra.

Durante la noche, la diosa Luna y sus estrellas alumbran la tierra con sus pálidas luces, manteniéndose atentas a las formas que en ella había.

Una de las estrellas, quizás la más bella, quedó fija en la forma de los Pirineos, y absorta por la forma de las montañas, los valles, y los ríos, logró por unos instantes ver los colores de la vida durante el día.

La estrella, atónita por la explosión de color que se sucedía entre los montes, robó unos minutos cada noche al día para deleitarse una y otra vez con tan magnífico espectáculo. Llegada la primavera brotaron las flores en los campos, y sin más la pobre estrella no pudo contenerse y fue a hablar con la diosa Luna.

«Señora mía, los colores en la tierra son tan hermosos» La luna, contrariada por tan pasión como mostraba su estrella, recelo de la conversación, pregunto a que se debía que una hermosa estrella, tan llena de luz, envidiase a nada en el mundo.

La estrella, cabizbaja y temerosa, grito, «¡Yo quiero ser flor, flor tan hermosa como las brotadas en los prados¡», y roto así el miedo, explico que quería compartir junto a los seres de la Tierra tanta belleza, tanto color, y tanta vida, como en los Pirineos había visto.

La Luna, seria y fría la miró fijamente y sin mostrar sentimiento alguno, dijo «Asi sea, como flor brotarás»

Poco a poco, esa noche la estrella se apagó, dejando su lugar oscuro y frío. Llegada la mañana sintió una nueva vida, un calor renovado que la hizo sentir feliz y más viva que nuca, una maravillosa flor en forma de estrella, blanca y pura, hermosa y diferente a todas, con los pétalos sedosos como el algodón, nació entre las montañas… La estrella ya era flor.

Pero he ahí la venganza velada de la diosa Luna, pues concediendo el deseo de la estrella por se flor, pero la castigo con habitar solo en las más altas y alejadas cumbres, en los lugares menos habitados, alejándola de toda la vida que ella deseaba conocer y compartir, haciendo que aquellos que deseasen verla de nuevo, tuvieran que esforzarse por llegar hasta ella, obligados a subir a lugares recónditos y peligrosos.

Leyendas del Edelweiss
Escondidas en la montaña

La Flor del amor Eterno:

Cuando los hombre eran caballeros y las mujeres hermosas damas que habitaban las torres de los castillos.

Un gallardo y hermoso joven, andaba en amores con una de las más bellas doncellas que jamás piso la tierra.

Ella, la joven Edelweiss, era sin duda una belleza adolescente sin igual, de cabellos claros como los rayos de la luna, de piel blanca como el armiño, y mirada pálida como la luna.

Edelweiss pronto mostró interés por tan guapo y valiente mozalbete, y ambos comenzaron el jovial noviazgo.

El tiempo pasó, y el amor creció en el corazón de ambos, pero sostenido por el decoro de la época, ambos prometidos, más que amantes, parecían niños juguetones.

Llegó el día en que él le declaro amor eterno y la pidió en matrimonio.

Ella, con la sonrisa picara y alegre de quien comparte amor, se lo tomó a juego y dijo:

«Si tanto me amáis, una prueba habréis de pasar, tan grande como vuestro amor»

El joven, espoleado por la pasión y la juventud, afirmo que a todo se enfrentaría por su amada y está le descubrió la prueba de amor que requería para su matrimonio

«Hace tiempo, una estrella del cielo se hizo flor, y entre las nieves y los hielos, en los más altos montes vive en soledad. Si conmigo te quieres casar, al menos una has de encontrar, pues si tu amor es verdad, hasta que no lo encuentres no volverás, o mi amor no tendrás»

El joven, marcho con su sonrisa hacia las montañas, cabalgo, camino y trepo a las más altas cumbre hasta que nadie volvió a saber de el, el tiempo paso y jamás regreso.

Edelweiss, le esperó tantos años como el no regreso, desesperada por la perdida de su amor en un tonto juego, con el tiempo enloqueció, murmuraba entre sollozos y no dormía

Tras años de perdida, ya sin juicio en una noche de frío y nieve, la locura la llevó, salido corriendo hacia las montañas, sin alma sin ropa sin visión, tan solo en. sus labios el grito del nombre de su amor.

Si pausa en las montañas se adentró, llegando tan alto como pudo, hasta que se desvaneció, y de cansancio y desesperación murió. La nieve cubrió su cuerpo, nadie pudo encontrarla hasta que un día la flor de la estrella su tumba rodeo.

Desde entonces, los lugareños llamaron a la flor de la estrella, Edelwaiss, la flor del amor eterno.

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