Bajo la Peña del Arcipreste

FICHA TÉCNICA
Dificultad:Nivel I / Baja
Distancia:9 Km aprox.
Duración:3´30h  Aproximadas.
Cartografía:Instituto Geográfico Nacional
508 I y III, 483 III
Servicio Geográfico del Ejército
508, 483
Importante:Informarse bien sobre los horarios de los trenes de vuelta, Tablada es un apeadero y no son muchos los trenes que paran a recoger viajeros
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Comenzaremos esta ruta en la estación de tren de Cercedilla, estación por excelencia de los montañeros madrileños. La comunicación férrea de este bello pueblo serrano con la capital es amplia, por lo que no presenta ningún problema llegar hasta él.

Cruzaremos la estación por los pasos subterráneos instalados para este fin y tomaremos la calle hacia la derecha. Nuestro primer objetivo será localizar la carretera de Cercedilla a los Molinos, carretera que hoy podemos catalogar de calle por las numerosas edificaciones existentes a ambos lados.

Tomaremos esta carretera en dirección a los Molinos, caminando por la acera de la derecha, según la dirección en la que viajamos para que nos sea más cómodo localizar las siguientes referencias. A los pocos minutos veremos una gasolinera en la cual podremos elegir entre tomar una de las calles que salen a nuestra derecha y desde las cuales podemos ver las vías del tren, o seguir hacia adelante hasta llegar a la urbanización llamada “Los Arroyuelos”. De tomar la primera opción nos evitaremos caminar entre tanto asfalto. Si tomamos esta calle que sale a la derecha, tendremos que llegar al fondo, justo a la altura de la vía férrea que une Segovia con Madrid y seguimos ésta en paralelo y sin cruzarla, hacia la izquierda y a la espalda de numerosos chalés.

Por el angosto sendero que recorremos entre las vías y las edificaciones, continuamos al menos unos quince minutos para llegar a una zona más ancha, en la que existe un paso a nivel sin barreras. Este será el punto en el que nos encontremos con aquellos que decidiesen llegar hasta la urbanización de los Arroyuelos, puesto que habrán de atravesarla por completo desde la carretera de los Molinos, para seguir el camino hacia el destino marcado.

Desde este punto veremos el paso a nivel con sus señalizaciones, paso que atravesamos con precaución, para llegar a la primera de una serie de puertas metálicas que deberemos atravesar y cerrar tras nuestro paso. En este punto vemos dos caminos, uno que parte a la derecha, paralelo a la vía y otro que se presenta frente a nosotros. Caminaremos por este último, que será fácilmente identificable por ser más ancho; a nuestra derecha comenzaremos a ver unas altas peñas, que se caracterizan por su dentada presencia y nos acompañarán durante buena parte del recorrido.

Al poco de caminar comenzaremos a ver a nuestra derecha las primeras fincas de ganado vacuno, separadas de nosotros por un muro de piedras de baja altura sobre el que se extiende alambre de espino, junto a las que caminaremos para llegar a otra verja con cancela, ésta de color aluminio, situada a tan sólo unos metros de unos postes telefónicos. Atravesamos esta verja por una abertura habilitada al efecto a su izquierda, para continuar de frente por el camino más ancho, dejando un sendero situado a la izquierda. No abandonamos este camino ancho y claramente marcado que presenta varias curvas, sobre un terreno de pastos y vegetación característica que, como anuncia un cartel metálico de considerables dimensiones, está siendo sometido a un nuevo plan forestal.

Durante varios minutos subimos en leve pendiente por el ancho camino, el cual nos ofrece, en sus múltiples y marcadas curvas, la posibilidad de disfrutar con extensas panorámicas de la sierra madrileña, así como del inmenso valle que poco a poco dejamos a nuestros pies.

Aproximadamente a la hora de haber comenzado nuestro camino, alcanzaremos una fuente cuyo caño, situado a la derecha de una puerta verde, desprende una reparadora agua, que bien podríamos considerar medicinal en los días del verano.

Continuamos nuestro camino dejando esta primera fuente, para hacer inmediatamente una fuerte curva a la izquierda; desde este punto comenzaremos a atravesar varios arroyos que nacen en las cumbres que llevamos a nuestra derecha y que hacen que poco a poco la vegetación sea más variada, dando comienzo con ello al pinar que, lentamente, se adueña del paisaje.

Ahora nuestro caminar es aún más fácil, pues la pendiente es casi inexistente, lo que nos permite disfrutar de tan buen balcón natural abierto a nuestra izquierda y desde donde no nos será difícil distinguir las diferentes poblaciones que se extienden en este amplio valle.

Un pequeño embalse, que distinguimos claramente, nos sirve ahora de referencia y nos anuncia el avistamiento de las vías del tren que se extienden bajo nosotros, referencia de la altura que hemos tomado sin darnos cuenta.

Reconfortados por la idea de la altura, que tomamos casi sin esfuerzo, nos vemos premiados por otra fuente de aguas cristalinas, aunque un poco escasa para esta época del año, situada a una hora y media aproximadamente del comienzo y de similares características que la anterior. Esta segunda fuente bien puede servir para hacer un alto en el camino y retomar fuerzas con las viandas que de buen seguro transportaremos en nuestras mochilas, para así de buena gana aliviar la carga impuesta sobre nuestros hombros.

Repuestas las fuerzas retomaremos la pista forestal para, a los pocos minutos, pasar bajo las líneas de alta tensión que nutren eléctricamente esta comarca y presumiblemente la capital. Aun siendo poco observador, no nos pasará desapercibido el curioso sonido que de los hilos eléctricos se desprende por el paso de la corriente eléctrica y que da idea del voltaje de éstos.

Dejando atrás las dichosas torres, comenzamos a ver a nuestros costados altos ejemplares de escobas, que son, ahora sí, la antesala del pinar.

Ya dentro del pinar atravesamos un paso canadiense, que impide el paso a las reses que aquí pastan libremente y a tan sólo unos metros encontraremos una roca tallada a nuestra derecha, en la que con forma de libro abierto se puede leer: “Peña del arcipreste de Hita, espacio natural protegido. Monumento natural de interés nacional declarado en 1930. Distancia a la peña 800 metros”. Aquellos que tengan ganas podrán subir a esta peña por el camino indicado, para luego bajar por éste y retomar la pista forestal que desde un principio seguimos. Llegar a esta peña es interesante, no sólo por las vistas, sino por las inscripciones hechas sobre las piedras con textos del Arcipreste de Hita.

Habiendo ascendido o no a la peña, continuamos nuestro camino dejando el  sendero a nuestra derecha, caminando bajo los frondosos pinos de ésta zona, que pronto dejan ver a nuestra izquierda la Bola del Mundo, que se erige al fondo del paisaje siendo fácilmente reconocible por sus repetidores instalados en lo más alto.

Prólogo esto último de la llegada a la carretera, que supera el Puerto de Guadarrama o de los Leones, la cual deberemos seguir hacia abajo sin cruzarla para encontrarnos a tan sólo unos minutos, y  tras hacer una cerrada curva, con un camino asfaltado que sale a nuestra izquierda, con un letrero que indica su dirección a la estación de Tablada. Podremos tomar éste o continuar para llegar a la minúscula población, donde podremos tomar un refrigerio antes de coger el tren.

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