La Dama del Anboto, La Leyenda

La Dama del Anboto

Las leyendas siempre han formado parte de la historia. Desde tiempos remotos, el ser humano ha sentido la necesidad de dar una explicación a todo lo que le rodea, creando personajes y seres mitológicos. En el País Vasco, son numerosos los mitos y leyendas centrados en el monte, el bosque y las criaturas que en ellos habitan, mezclando realidad con creencias. Y hoy os traemos la Leyenda de la Dama del Anboto…

Javi Arista Amboto
Javi en la Arista

Las creencias religiosas de la población vasca hasta la llegada del cristianismo incluían la creencia en diversas deidades, siendo una de las más importantes la diosa Mari, a la que hoy dedicamos este espacio.

En el Parque natural de Urkiola nos encontramos con el Anboto (1.331 m), la montaña más espectacular y peligrosa de Vizcaya.  Situada en una de las cordilleras más bonitas de Euskadi. Se trata de una cumbre con grandes precipicios y desniveles que en su vertiente norte supera los mil metros.

El Anboto es uno de los montes más importantes del País Vasco, pero no sólo por su importancia geográfica, sino por su relevancia en la mitología vasca. Su cara más famosa es la cara este, donde se encuentra la Casa de Mari o Marriurrika Kobea a la que se accede desde el collado de Aguindi . Se trata de una oquedad natural que se encuentra debajo de la cresta de la cima a unos 1.200 metros de altitud, y de la que los montañeros aseguran se trata de un lugar mágico cuya entrada se encuentra en la canal de Artaungo sakona.

Mari es el personaje más conocido de la mitología vasca precristiana, también se la conoce como “la dama del Anboto”, “la dama de Aralar”, la dama de Muru” o “la bruja de Aketegi”.

La Dama del Anboto

Se trata de la personificación de la madre tierra, reina de la naturaleza y todos los elementos que la componen. Normalmente se la representa como una bella mujer, con largos cabellos rubios y vestida de verde, aunque también se hace referencia como una divinidad con forma híbrida de árbol y mujer, con patas de cabra y garras de ave rapaz.

Esta deidad, tiene su estancia en el interior de la tierra, y habita en varias montañas vascas, recibiendo un nombre por cada una de ellas, pero sin duda, la más importante de sus moradas es la cueva del Anboto, aunque se le conocen otras dos moradas, la cueva de Supelegora y la sima de Larrunarri.

Dicen que cada siete años cambia de morada y que se le puede ver surcando el cielo en su carro de fuego. Dependiendo de la cima que habite, así será el tiempo que haga ya que es la encargada de llevar el buen y el mal tiempo de un lugar a otro, de modo que cuando se encuentra en el Anboto llueve, si se encuentra en Aloña hay sequía, y cuando se encuentra en Supelegor, las cosechas son abundates.

Dado que de los deseos y del humor de Mari, dependía el clima en Euskadi, los pastores y labradores le pedían y hacían ofrendas para que hubiera buenas cosechas y para que los animales rindieran en beneficio de sus amos.

El protocolo que se debía seguir en la cueva era sencillo:

  • Al dirigirse a la diosa, se le debía tutear, hablándole en hika.
  • Se debía salir de la cueva igual que se entró.
  • No debías sentarte nunca, incluso aunque hubieses recibido la invitación de hacerlo.

Entre las misiones de Mari, se encuentran la de castigar la mentira, el robo y el orgullo. Si mientes negando que posees algo que, si es tuyo, Mari te lo quita.

La Dama del Anboto
Amboto

A lo largo de los años se han fraguado muchas y diferentes versiones de porque Mari habita el Anboto:

La más conocida de las leyendas dice que, en una familia sin descendencia la mujer deseaba como fuese tener un hijo. A pesar de que a los veinte años se le tuviese que llevar el diablo se quedó embaraza de una hermosa niña. Días antes de que cumpliese veinte años su madre la encerró en una caja de cristal vigilando día y noche. El día de su cumpleaños el diablo rompió la caja y se la llevó consigo a la cima del Anboto, donde habita desde entonces.

Otra de las leyendas habla de una madre y una hija que vivían juntas. Un día la madre, enfadada maldijo a la muchacha diciéndole, “Ojalá te lleve el diablo”, al decir estas palabras, el diablo apareció y se la llevó dejándola vagando por los montes de la zona para siempre.

Otra leyenda de Ataun, habla de una mujer muy mala, casada con un buen cristiano y madre de cinco hijos que vivía en un caserío de Beasain (Guipúzcoa). Como no quería que los niños fuesen bautizados, el padre los subió a un carro, ató a la madre y se encaminaron a la iglesia en busca de bautismo para los pequeños. Pero por el camino, la mujer se envolvió en llamas quemando las ligaduras que la ataban al carro y volando por los aires gritó “mis hijos para el cielo y yo para el Muru” y hacia el Murumendi se dirigió donde desde entonces habita. En ocasiones se la ve en una sima de aquel monte sentada al sol, peinando su cabellera rubia con un peine de oro.

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Fotos del Anboto

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